Comida de Navidad

No sé vosotros pero nosotros llevamos unas semanas locas buscando sitios para comidas de Navidad para varios grupos/clubs a los que pertenecemos.

Requisitos del sitio:

1. Comida muy buena
2. Barato

Requisitos opcionales:

3. Con encanto
4. En un lugar especial

Lo creáis o no, pero hemos conseguido encontrar uno que cumpliera TODOS los requisitos!!!

El Porfirio, que está en la Avenida del Monasterio del Paular, 9 en Rascafría. No tiene página web, ni facebook ni cualquier otra red social, porque como dice el dueño: “Prefiero hablar con las personas reales, vivas y que me digan en mi cara que es lo que quieren comer“.

Pues, vamos a analizar el sitio punto por punto:

1. Comida muy buena, no BUENÍSIMA y ABUNDANTÍSIMA!!!

Fuimos 23 personas y pedimos: cocido montañés, 4 paellas y 2 chuletones. Cuando digo chuletones, es que me refiero a chuletones verdaderos de un tamaño increíble y encima con guarnición. con una paella se podrían llenar 3 personas tranquilamente y la cantidad de cocido era exagerado, pero muy exagerado!!!

Sobre lo rico que estaba todo, sólo os voy a dar un ejemplo: cuando ya comimos bastante y no teníamos hambre, y la camarera seguía llenando la mesa de platos, todos de nosotros, queríamos probarlo todo! El estómago ya entraba en pánico de tanta comida, pero todos los sentidos lo ignoraban y ordenaban a las manos llegar hasta el plato nuevo, pillarlo y echar un poco para por lo menos probarlo…

Fiesta para la nariz por los olores que desprendía la comida, fiesta para los ojos por ver tanta variedad y naturalidad de productos, fiesta para el paladar por degustar tanta riqueza a la vez…

El estómago fue el único que se quejaba de tanto trabajo y en un momento sí que ganó la lucha y me hizo parar de comer… Pero no fue su día… Justo en este instante trajeron el postre… Una tarta de queso y pastel de fruta… con un cafetito…

Y la pobre camarera preocupada: ¿Por qué no lo habéis comido todo? ¿No os ha gustado? Es que coméis muy poco…

Y nosotros con barrigas llenas que ni llegábamos a la mesa, sonriendo e intentando explicarle que no nos cabía más…

Lo más fuerte de todo es que los 16 de nosotros habíamos subido Peñalara (post sobre esta subida pendiente 🙂 por la mañana y bajamos muertos de hambre, a mi me sonaban las tripas  y aún así no pudimos con toda la comida que nos sirvieron…

Un punto extra que no estaba previsto es que todo lo que no pudimos comer, lo podíamos llevar a casa en tuppers!!! Cuando terminamos de comer y todavía había platos preparados para nosotros pero sin poner en la mesa, la camarera nos ofreció tarteras de pollo asado para llevar el cocido a casa y si no te atrevías echar mucho, ella llenaba tu tupper, pero hasta arriba!!! Unos cuantos nos fuimos con la comida hecha para unos cuantos días 😉

2. Pedimos la cuenta…

… 11€ por persona… sin comentarios… Decidimos poner 12€ cada uno para propina.

Para los que no manejáis los precios de la zona, Valle de Lozoya, para comer un domingo los precios no bajan de 25€ por persona; si sois un grupo de 20 personas, en UN bar nos propusieron un menú justito a 20€/persona.

3. Su mayor encanto…

… es la gente que trabaja allí! A lo mejor cuando entras y ves que está lleno de los locales, te da un poco de cosa, te sientes de fuera etc., pero en cuanto empiezas a pedir  y hablar con camareras, enseguida se te pasa. Y ya cuando sale el dueño/cocinero y comenta alguna tapa o contesta tus dudas, ya eres uno de la familia. Así conocimos este sitio hace unos años y sigue siendo igual.

4. Un lugar especial…

… es Rascafría, un pueblo con encanto, situado en el Valle de Lozoya, cerca (unos 20 min. en coche) de Navacerrada, Cotos, Peñalara y pueblos de la sierra de Madrid.

Resumiendo:

Es un bar – una recopilación de –ísimos! Comida riquísima, buenísima, abundantísima, baratísima. El personal majísimo. Al final de la comida demandamos la presencia del cocinero y le organizamos una ovación!!! Se puso tímido y se escondió en la cocina 😉

P.S.

Un día antes, investigando el valle en búsqueda de un sitio para la comida, pasamos por este bar también y cuando el dueño (=el cocinero:) supo que queríamos reservar nos enseño hasta la cocina y todas las cazuelas!!! Y tenéis nuestra palabra: la cocina es limpísima y ordenadísima (continuamos con los ísimos de este local:)